Turbulencias en los vuelos, el efecto sorpresa del cambio climático que «empeorará»

En zonas del globo como el Atlántico Norte, el calentamiento global está detrás de la duplicación de estos inesperados vórtices de aire que provocaron el incidente en el vuelo de Londres a Singapur.

El diseño de la aeronave está preparado para evitar y superar las turbulencias. Noelia Martínez

23/05/2024

Actualizado a las 14:56

Las turbulencias no son un problema real para la aviación. Sólo molestan a los pasajeros y los daños, pequeños, normalmente se limitan a los miembros de la tripulación en movimiento. Los aviones están diseñados para «surfear» sobre ellos casi sin sufrir daños materiales.

Pero ocurre un incidente como el del avión de Singapore Airlines, que tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia tras la muerte de un pasajero y varias decenas de heridos a causa de unas turbulencias muy fuertes, y saltan las alarmas. ¿Esto es normal? ¿Deberíamos preocuparnos más por esto? Si y no.

Los expertos coinciden en señalar el carácter excepcional de los sobresaltos sufridos por el vuelo de Londres a Singapur; Pero tanto pilotos como meteorólogos aeronáuticos e ingenieros coinciden en que este comportamiento violento de las corrientes de aire, en algunas zonas del mundo, es más frecuente ahora que hace unas décadas. Y llegarán más lejos. Lo inesperado es que el cambio climático -y sus efectos- esté detrás de esta inquietante tendencia.

Uno de los pocos expertos internacionales en este tema es Paul D. Williams, profesor de Ciencias Atmosféricas en el Departamento de Meteorología de la Universidad de Reading, en el Reino Unido. El pasado verano, en la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), participó en una jornada centrada exclusivamente en turbulencias, organizada por el departamento al que pertenece Sergio Hoyas, catedrático de Ingeniería Aeronáutica.

«Las corrientes en chorro se han desplazado hacia el norte, y cuanto más al norte estén, más turbulencias se registrarán, tanto en número como en intensidad».

Benito Fuentes

Meteorólogo Aeronáutico de la Aemet

«Ante un auditorio de 500 personas», recordó Hoyas en declaraciones a este periódico, «Williams habló sobre el efecto del calentamiento global sobre las turbulencias, un fenómeno que venía investigando desde hacía tiempo y cuyos resultados había publicado en las revistas más importantes. El aumento de calor y energía que inyectamos en las distintas capas de la atmósfera -una de las causas del calentamiento global, que a su vez provoca el cambio climático- está cambiando los patrones de movimiento del aire que provocarán cambios en las grandes corrientes verticales que provocarán estas turbulencias, entre muchos otros factores».

Uno de los artículos de Williams citado por este ingeniero valenciano, que desarrolla su investigación sobre cómo la inteligencia artificial (IA) puede predecir con más detalle este comportamiento del aire (algo ahora imposible), aparece en la revista de junio de 2023 AGU (Advancing Earth and Space Sciences ) y en él se afirma inequívocamente que «la turbulencia en aire claro (CAT) es peligrosa para las aeronaves y se espera que aumente en respuesta al futuro cambio climático».

Cálculos en cuatro décadas

Por un lado, el cálculo se realiza desde los años 1980 hasta 2020 y concretamente en un punto típico del océano Atlántico Norte. La conclusión fue que las turbulencias más preocupantes, invisibles y que ocurren en cielos despejados, en su forma más severa (en intensidad y duración) fueron las que más aumentaron, llegando a ser un 55% más frecuentes en 2020 que en 1979.

Benito Fuentes, meteorólogo aeronáutico de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), pone en contexto esta evidencia de que los episodios se han duplicado. «Cuando decimos doble, que nadie tenga miedo. Simplemente pasamos de registrar un 1% de días de turbulencia a un 2%. Esto significa duplicar, pero aún es una cantidad pequeña. Además, se da en zonas concretas, como la que usted menciona en el océano Atlántico Norte y también en Europa. Sin embargo, en otras partes del planeta -precisamente en la zona de Singapur, entre otras- la frecuencia y la intensidad están disminuyendo», advierte.

Interior del avión de Singapore Airlines tras sufrir los fuertes golpes de turbulencia.

Reuters

Fuentes no cree que se pueda decir «rotundamente» que el cambio climático sea el único motivo de esta circunstancia. Pese a ello, sí admite que «los modelos numéricos en las simulaciones de los efectos del cambio climático a largo plazo indican que sí, habrá un aumento y empeorará». Pero, continúa, y el propio Williams coincide en ello en sus trabajos publicados, “todavía faltan muchos estudios y muchos datos para estar seguros en determinadas áreas. Aunque todo hace pensar que así es.

¿Cuáles son los mecanismos naturales que vinculan estos dos conceptos, es decir, el cambio climático y el aumento de las turbulencias? «Es difícil explicar por qué una cosa implica la otra. Está claro que el cambio climático provoca un aumento de la temperatura, lo que a su vez provoca que cambie la distribución de los vientos», explica.

Las corrientes en chorro del Atlántico (esas ‘autopistas’ que utilizan los aviones para volar más rápido que un cometa sin desperdiciar combustible) fueron vistas moviéndose hacia el norte. «Cuanto más al norte se espera que se produzcan más turbulencias e intensidad. Otros estudios han observado una cierta ondulación de estas corrientes en chorro que pueden dar lugar a episodios turbulentos», concluye Fuentes, quien recuerda que se trata de una explicación muy simplificada de cómo puede comportarse el movimiento del aire, lo que en sí mismo es un campo de la Física. tema completo de investigaciones reflexivas.

Como una ola invisible que rompe sin previo aviso

Para tener una idea aproximada, Fuentes invita a visualizar una ola. Como el viento, el agua del océano se mueve en olas. Cuando la ola rompe y se forma un vórtice, en el caso del viento se trata de turbulencia.

¿Qué causa esta ruptura? Múltiples factores, entre ellos la diferencia de temperatura entre la base y la cima de esta ola, la diferencia de velocidad en el movimiento del viento entre la parte superior e inferior de la ola hasta que se desconectan, o una combinación de ambos.

«En la atmósfera estas ondas son invisibles, por lo que no hay forma de detectarlas», explica el experto de la Aemet, que advierte, no obstante, que elaboran informes diarios (y proporcionan información en tiempo real) de zonas propensas a turbulencias. pilotos. «Los modelos que tenemos pueden predecir si pueden ser graves o moderados. Pero no pueden decirte el momento exacto en el que se producirán», explica Fuentes.

«Nuestro objetivo es poder predecir las turbulencias en detalle gracias a la IA, no por seguridad, sino para vuelos más eficientes».

Sergio Hoyas

Ingeniero aeronáutico por la UPV

Aquí es donde entra en juego el trabajo de Hoyas y sus compañeros de la UPV, concretamente para desarrollar un modelo de IA que pueda predecir con detalle los obstáculos, «a veces ‘dinkholes'», con los que se topan los pilotos en los viajes transatlánticos. «Nuestro objetivo no es aportar esta información por seguridad, sino para que ahorren combustible y por tanto también sean menos contaminantes y más eficientes, además de ahorrar pequeños datos en el casco y alargar la vida útil de los aviones», apunta Hoyas. en eso. . Se estima que las turbulencias cuestan a la industria de la aviación, sólo en Estados Unidos, unos 185 millones de euros al año.

En su trabajo, Williams llega incluso a especificar, como mucho, que la probabilidad de que un piloto encuentre inesperadamente turbulencias medias/graves en cielos despejados es aproximadamente el doble en las latitudes medias del hemisferio norte (30-60°N) que en las latitudes medias del hemisferio norte (30-60°N). hemisferio sur (30–60°S). También menciona regiones como los Andes y las Montañas Rocosas, donde es más probable que se produzca el ‘romper de las olas’ del que hablaba Fuentes, debido a las montañas.

«Nuestros resultados -según Williams en un trabajo anterior publicado en 2019 en Nature- indican que el cambio climático puede tener un mayor impacto en la corriente en chorro del Atlántico Norte de lo que se pensaba anteriormente», derivado de cambios en la velocidad de las corrientes en diferentes niveles del atmósfera. Este «tira y afloja constante» entre las capas superiores e inferiores daría lugar a un escenario propenso a turbulencias.


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